Hola Camila y Pol, ¿cómo estáis? ¿Habéis por fin llegado a China? Sabemos que entrasteis en Khorgas que es una ciudad china, pero ¿pudisteis obtener el visado general de entrada?
Cuando partimos desde casa en enero teníamos un claro objetivo: queríamos llegar a China en bicicleta siguiendo la Ruta de la Seda. Al salir ya sabíamos que sería difícil (o casi imposible) entrar en el país porque aún estaba cerrado por el COVID. En marzo, reabrieron las fronteras y se pudo empezar a gestionar los visados de turista, pero solo desde los países de residencia (en nuestro caso significaba tener que volver atrás para empezar un proceso que no siempre acaba satisfactoriamente). Unos meses más tarde, a finales de mayo, empezamos a tener noticias de viajeros que habían podido obtener los visados en Georgia y Armenia, pero nosotros ya estábamos entrando en Irán, así que tampoco era una opción.
En los países de Asia Central (Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán) es muy difícil conseguir el visado porque se solicita un permiso de residencia de 6 meses. Y finalmente, consideramos que la opción de mandar los pasaportes a España por tiempo indeterminado y sin garantía de conseguir el visado no era una opción para nosotros.
Khorgas es una ciudad comercial de cooperación entre China y Kazajistán. Los habitantes de Kazajistán pueden ir sin necesidad de visado y hacer allí sus compras. Pensamos que esta era una buena opción (la única de hecho) de pisar territorio chino sin necesidad de conseguir un visado y nos hizo gracia llegar hasta allí ni que fuera a nivel simbólico.
Aunque nos hubiese gustado poder entrar al país, vivimos esta experiencia como algo normal cuando haces rutas tan largas. Además, como personas europeas tenemos posibilidades de viajar y poder entrar a muchísimos países. En contrapartida, muchos habitantes de distintas nacionalidades tienen numerosas dificultades para poder cruzar a otro país. Nosotros lo hacemos para viajar y, muchos de ellos contemplan la opción para tener una vida mejor. Así que pensamos que como ciudadanos europeos es bueno tener estos “golpes de realidad” para darnos cuenta de lo afortunados que somos y de lo fácil (o no) que resulta viajar según tu nacionalidad.
¿Qué emociones os trae estar aquí y qué planes tenéis para explorar esta nueva etapa de vuestro viaje?
Acabar nuestra ruta en continuo en bicicleta nos ha generado sentimientos muy contradictorios. Por un lado, la felicidad enorme de haber conseguido nuestro sueño y de haber vivido una infinidad de experiencias maravillosas y, por otro lado, una sensación de vacío al pensar ¿y ahora qué? Al fin y al cabo ha sido todo muy intenso y no hemos tenido tiempo para pensar en que realmente la ruta soñada estaba llegando a su fin. Suponemos que necesitamos tiempo para digerirlo todo.
¿Recordáis algún momento en el que os disteis cuenta de que estabais realmente llevando a cabo esta grandiosa travesía?
Nos encanta esta pregunta porque continuamente hablamos de ello. Cuando salimos de casa mirábamos el proyecto a grandes distancias. Cada día pensábamos “vamos a China”. Al cabo de poco nos dimos cuenta de que ese era un objetivo demasiado grande y que no tenía sentido pensar tan a largo plazo, así que pasamos a pensar en “donde vamos hoy o mañana”. Este cambio de paradigma nos ayudó a sacarnos presión y también a disfrutar más del día a día. Quizá ha sido esto lo que nos ha llevado a no ser conscientes aún de lo lejos que estamos de casa y de todo lo que hemos hecho y vivido. A lo mejor necesitaremos toda una vida (o dos) para ser conscientes de todo lo que hemos vivido y de este gran regalo que nos ha hecho la vida.
¿Hubo alguna situación que os sorprendió o emocionó de manera inesperada?
Realmente se hace difícil escoger una de entre todas las que hemos vivido, pero hay una que nos encanta recordar. En Esfahan, Irán, existe un puente llamado Khaju Bridge. Este puente es un lugar que en las guías se recomienda visitar por la noche porque se pueden ver músicos callejeros. Nosotros decidimos ir la última noche que estábamos en la ciudad a partir de las 22h para ver el ambiente.
Cuando llegamos allí vimos que el puente era precioso y que estaba perfectamente iluminado con luces tenues que realzaban su belleza.
Cenamos un bocadillo mientras disfrutábamos de las vistas y después nos dirigimos a sus arcos subterráneos esperando ver algún músico callejero y a alguna persona escuchando la música. Teniendo en cuenta que el actual gobierno de Irán prácticamente prohíbe la música y el baile en público, no poníamos muchas expectativas en esta visita.
Pero cuando llegamos allí, no nos podíamos creer lo que nos encontramos. Decenas y decenas de personas se acumulaban cantando canciones tradicionales al unísono, grupos de músicos se unían para tocar canciones preciosas y muchísimas personas se amontonaban en los perímetros para proteger a los que, en el centro (gente de todas las edades) bailaban entre el cobijo de la multitud.
Este puente había pasado de ser una simple construcción arquitectónica a un lugar de expresión de la libertad, una oda a lo que había sido Irán no hace mucho tiempo, un pequeño reducto de felicidad. Los niños reían, las mujeres se quitaban el velo y los ancianos observaban con nostalgia lo que allí estaba pasando. Nos pareció simplemente precioso y nos quedamos allí durante horas. Parecía que el tiempo se había detenido.
Inshalah un día Irán pueda volver a ser así también fuera del puente, con sus gentes libres y con una vida más fácil.
Con catorce mil kilómetros recorridos, debéis de tener un sinfín de anécdotas curiosas.
¿Podríais compartir alguna experiencia divertida o inusual que os haya ocurrido durante el viaje? Estoy seguro de que tenéis un montón de historias emocionantes que contar.
Uno de nuestros días en el Pamir, Tayikistán, pasamos por un pequeño pueblo llamado Deh. El cielo amenazaba lluvia y empezaron a caer algunas gotas, así que decidimos parar a comer algo bajo un gran árbol que nos protegía para ver si la lluvia paraba o iba a más.
Mientras estábamos allí, unos lugareños pasaron y nos dijeron con señas: ¡“venid, venid, que allí hay una fiesta!” Al cabo de unos segundos pasaron otros y nos dijeron también con señas: allí hay una boda, veniros! Insistieron tanto que decidimos avanzar e ir a ver el ambiente. Efectivamente, era
una boda. Se celebraba en un patio muy grande y todo el mundo iba muy elegante: las mujeres con vestidos de colores y los hombres con sombreros pamiris preciosos. Las mesas estaban repletas de comida.
Nosotros lo mirábamos des de la calle, atentos a lo que estaba pasando, felices de poder estar allí en ese momento y de haber tenido esa suerte, pero con mucha timidez y respeto. De golpe, vinieron varias personas y nos insistieron en pasar. Todo el mundo nos miraba, y nosotros, tímidos como somos, les decíamos que no, que gracias, que allí estábamos bien. Pero la gente seguía insistiendo y cada vez nos miraban más, así que decidimos aceptar. Nos sentaron al lado de la mesa presidencial, al lado de los novios, que llegaron en unos minutos, y nos trajeron comida y más comida. En las bodas del Pamir se reserva una mesa exclusiva para los invitados que puedan llegar en el último momento. Nos cuidaron como si fuéramos uno más de la familia y nosotros alucinábamos de lo que nos estaba pasando, de ver a la gente bailando, riendo, celebrando...Fue una suerte inmensa y una experiencia que no olvidaremos nunca!
Habláis sobre la importancia de conectar con nuevas personas y culturas. ¿Podríais compartir una experiencia especial de amistad o conexión que hayáis tenido en el camino?
¿Algún encuentro que os haya dejado una impresión duradera?
En este viaje hemos conocido a gente preciosa de muchas culturas, edades y nacionalidades diferentes.
También hemos conocido a otros ciclistas que, como nosotros, recorren el mundo con ganas de descubrirlo pedaleando.
Como ya explicamos en la anterior entrevista, normalmente dormimos en nuestra tienda de campaña, pero cuando llegamos a una ciudad y queremos visitarla, vamos a casa de algún ‘Warmshowers’, a algún hostal o alquilamos algún pequeño apartamento.
Cuando llegamos a Trabzon, Turquía, habíamos alquilado un pequeño apartamento solo para los dos. Pero al llegar, el dueño nos dijo que había tenido un problema y que, por una noche, deberíamos compartir el apartamento con otros huéspedes. Nosotros le dijimos que ese no era el trato, pero en vistas de no encontrar ninguna solución, aceptamos compartir con la condición de cambiar a la mañana siguiente.
Cuando llegamos al apartamento vimos que nuestros “compañeros de piso” eran también ciclistas y que, encima, eran absolutamente encantadores. Sita y Maik, una pareja austríaca que llevaba unos 10 meses viajando nos compartieron su viaje y pasamos una velada encantadora hablando de ciclismo, del mundo y de la vida. ¡Incluso nos hicieron la cena!
A la mañana siguiente nos cambiamos de apartamento pero volvimos de nuevo a su piso para invitarles a cenar unas tortillas de patatas (hechas con una mini-sartén que siempre traemos con nosotros) y pasamos de nuevo un rato increíble. A partir de allí, viajamos unos días juntos. Cada uno pedaleaba a su ritmo pero quedábamos para cenar y acampar en el mismo sitio.
Fueron unos días preciosos y, a esta pareja preciosa, le tenemos una gran estima. Esperamos poder coincidir con ellos otra vez en alguna parte del mundo.
Viajar tan lejos también puede ser un desafío emocional. ¿Cómo os mantenéis conectados con vuestras familias y amigos mientras estáis en la ruta? ¿Tenéis alguna rutina o tradición para estar en contacto con vuestros seres queridos?
Seguramente “echar de menos” es uno de los retos más duros de viajar lejos de casa.
¡Mucho más que pedalear 14.000km! Aun así, las nuevas tecnologías ayudan mucho a estar conectados. Hablamos a menudo por ‘WhatsApp’ con nuestras familias y amigos y, más o menos cada 15 días, intentamos hacer una videollamada con nuestros padres.
En los cumpleaños, por ejemplo, compramos velas (o algo que se le parezca) y un dulce para soplar todos juntos y con nuestra sobrina nos mandamos retos para no perder el contacto con ella y que no se olvide de nosotros. Crece muy rápido!
Nuestros amigos nos hicieron un juego con algunas pruebas para ir haciendo a lo largo del viaje y comunicarnos.
La verdad es que nos sentimos muy afortunados de tener la familia y los amigos que tenemos. Son los mejores del mundo. Cuánto más lejos estamos, más lo sabemos.
Hablemos de tecnología. ¿Hay alguna app o gadget que os haya sorprendido gratamente durante el viaje? ¿Cómo encontráis el equilibrio entre aprovechar la tecnología y disfrutar plenamente del entorno que os rodea?
Las aplicación que más a menudo usamos en nuestro viaje es ‘Maps.me’, una aplicación de navegación, planificación y mapas, que puede usarse fuera de línea una vez descargados los países y que es muy funcional y fiable: aparecen absolutamente todos los caminos e incluso sitios para comprar comida y para recargar agua.
Aun así, la aplicación que más nos ha sorprendido es ‘Windy’. Cuando vas en bicicleta el viento es uno de los factores más a tener en cuenta. El viento en contra puede hacer duro un trayecto sencillo y el viento a favor puede hacer fácil un trayecto en subida.
‘Windy’ es una aplicación de predicción del viento que durante todo el viaje hemos estado consultando y que ha acertado en un 99% de los casos y de forma muy precisa.
Intentamos independizarnos de la tecnología y aprovechar cada momento de nuestro viaje pero, aun así, a veces se hace complicado porque es también la tecnología quien nos conecta con nuestros amigos y nuestra familia. Las redes sociales son útiles también para compartir nuestro viaje e intentar transmitir un poco nuestras vivencias, pero a veces es difícil encontrar la medida justa. Y también es verdad que la tecnología facilita mucho las cosas, tanto en la navegación como en la comunicación con personas con las que no compartes un idioma en común.
En un viaje tan aventurero, supongo que a veces la planificación puede ser toda una odisea.
¿Podríais contarnos sobre alguna situación de alojamiento o comida en lugares remotos que os haya hecho pensar en un plan B o C?
Ciertamente planificar es importante, sobre todo cuando se trata de viajar a lugares remotos en los que es difícil encontrar comida o agua.
En relación al alojamiento ha sido bastante fácil porque llevamos nuestra tienda de campaña y fuera de Europa la acampada libre normalmente es legal. En el caso de la comida, siempre llevamos con nosotros algunos packs de comida deshidratada para situaciones de emergencia, aunque intentamos no usarlos si no es estrictamente necesario comprando y planificando para cuantos días necesitamos comida en relación con la ruta planeada.
Finalmente, el agua para nosotros es el factor más limitante. Llevamos con nosotros un filtro y pastillas potabilizadoras. Esto nos permite coger agua de los ríos y, en el caso de que no haya, tenemos un depósito plegable de 6 litros que, si prevemos que no vamos a encontrar, rellenamos.
Estamos contentos porque en ningún momento nos hemos quedado sin agua ni sin comida y esto, aunque parece fácil en algunas circunstancias no lo es, especialmente en zonas remotas como el Pamir.
Cada etapa del viaje debe de traer consigo nuevas lecciones. ¿Hay algún momento en el que hayáis tenido que adaptar vuestro enfoque o cambiar de rumbo que os haya enseñado algo importante?
En Irán decidimos cambiar nuestra ruta a consecuencia del viento. La ruta que inicialmente queríamos seguir vimos, precisamente en ‘Windy’, que estaba afectada por unos vientos de cara muy intensos que duraban muchos días. Ese factor en el desierto y en verano puede hacer que la travesía deje de ser placentera para convertirse en una tortura, así que decidimos modificar nuestro recorrido. Esa es una ventaja (y a veces también el inconveniente) de viajar en bicicleta. A cada momento puedes cambiar de rumbo o modificar tu ruta sin problemas.
Cualquier cambio implica cosas positivas y negativas. En ese caso nos entristecía no poder seguir el camino que habíamos planeado porque nos hacía ilusión visitar algunas antiguas construcciones de la Ruta de la Seda, pero también era una oportunidad para ver cosas nuevas. Al final lo más difícil y a la vez bonito de este tipo de viajes es aceptar los cambios que te encuentras en el camino, contemplándolo no como una pérdida sino como el beneficio de poder ver algo que en un inicio no te habías planteado.
¿Cuál ha sido el lugar qué más os ha gustado o impactado?
Seguramente uno de los lugares que más nos ha gustado e impactado es el Pamir. Las montañas de Tayikistán son un lugar remoto con un paisaje único. Seguramente ha sido el reto más grande de nuestro viaje y los días más duros y difíciles, no solo por las pendientes pronunciadas o el estado de las “carreteras”, sino también por la dificultad de pedalear a más de 4000m de altura, donde se minimiza la disponibilidad de oxígeno y se maximiza la dificultad de encontrar comida y agua (más allá de la que proporciona el río).
Aun así, las montañas se alzan majestuosas a tu alrededor, el paisaje lunar te corta la respiración (más aun) y los cielos estrellados por la noche son un regalo único.
El Pamir nos ha sorprendido también a nivel cultural y social. Las familias que allí viven, lo hacen en unas condiciones extremas y el sentimiento de comunidad es muy fuerte y arraigado. Los habitantes de esas zonas son personas valientes, determinadas y con una capacidad envidiable de convivencia con la naturaleza.
Sin duda es un lugar al que nos encantaría volver. De hecho, ya estamos pensado cuando...
Finalizar esta etapa y haber llegado hasta territorio chino debe de ser un momento lleno de emociones. ¿Tenéis ya en mente algún proyecto o aventura futura después de esta increíble experiencia?
Cuando salimos de casa hace más de 10 meses pensábamos volver por Navidad después de llegar a la frontera China y, a ser posible, pedalear unos meses por algunas de las regiones de China que nos llamaban la atención como Xinjiang.
Aun así, como nos encontramos con fuerza, ganas y energía hemos decidido seguir algunos meses más. Ante la imposibilidad de cruzar China en bicicleta, las bajas temperaturas de los
países al norte de Kazajistán y la situación actual en Afganistán, hemos decidido coger un vuelo hasta el Sudeste asiático y pasar allí el invierno pedaleando con nuestras bicicletas. Cuando acabemos nuestro viaje nos imaginamos un día entero en casa recibiendo a nuestros amigos y familia. Es lo que más echamos de menos.
Después de conocer a otros ciclistas y escuchar sus aventuras, se abre un sinfín de posibilidades de viajar y pedalear por todos los países del mundo. Una zona que nos llama mucho la atención es América Latina. ¡Quién sabe!, quizás después de volver a casa y volver a trabajar para reunir dinero,¡ nos vemos con energía de aventurarnos de nuevo!
Durante la travesía por Irán, sé que hubo un aspecto particular que marcó la experiencia, como la necesidad de llevar pañuelo y cubrir piernas y brazos. ¿Podéis compartir con nosotros cómo fue esta etapa del viaje? ¿Qué experiencias o lecciones destacadas tenéis de este periodo en Irán?
Cuando en los medios de comunicación se habla de Irán, se suele describir como un país peligroso, con normas muy estrictas, altamente religioso y con habitantes de los que casi más vale salir huyendo. Aun así, cuando hablas con personas que han estado allí antes que tú, la información que te transmiten es completamente opuesta a esta visión y es por eso que decidimos explorarlo, además de por su increíble cultura e historia.
Una vez vivida la experiencia de recorrer Irán en bicicleta durante más de 1 mes y medio, podemos decir, sin ninguna duda, que es uno de los mejores (sino el mejor) país que hemos visitado en nuestras vidas. A nivel cultural es extremadamente interesante, a nivel paisajístico es mucho más diverso de lo que nos pensábamos, con zonas de desierto pero a la vez bosques frondosos, con playas y montañas, con diversidad de fauna y de flora, ... pero sin duda, lo que hace a Irán un país único donde los haya es su gente. Las personas iraníes son diferentes al resto del mundo. Su hospitalidad, amabilidad, respeto, simpatía superan todo lo que puedas imaginar.
En Irán, cualquiera te ofrece dormir en su casa, cuando los coches te ven en la carretera se paran para ofrecerte agua, fruta buenísima o preguntarte qué es lo que necesitas. En las ciudades los habitantes te acompañan a hacer trámites sin que les preguntes para facilitarte las gestiones y hacerte el día más fácil y, además, todo lo hacen con una sonrisa y realmente de corazón. Porque les gusta y, porque siendo un huésped, es lo que consideran que mereces.
Aun así, es una pena y una injusticia enorme, desde nuestro punto de vista, que el gobierno que ahora tienen sea tan opresor y controlador, hecho que les hace más difícil el día a día a sus habitantes, especialmente a las mujeres. En Irán es obligatorio que en las calles las mujeres se cubran el cabello y todas las partes del cuerpo a excepción de la cara y se enfrentan a sanciones (no solo ellas, también sus maridos) si no cumplen estas normas estrictas. Como turista, no queda muy claro si este hecho es estricto o no, pero nosotros decidimos cumplir las mismas normas que deben cumplir ellos, no solo por una cuestión de ley sino sobre todo por una cuestión de solidaridad, respeto y, como mujer, sororidad.
Esperamos que pronto Irán pueda ser un país libre y entonces sí que no tenemos ninguna duda: será claramente el mejor país del mundo.
No nos gustaría acabar esta entrevista sin compartir que uno de los mayores aprendizajes de este viaje ha sido volver a conectarnos y confiar en las personas. En la mayoría de los países que hemos visitado, nos hemos dado cuenta que el altruismo, la solidaridad y la hospitalidad, son unos valores intrínsecos y realmente muy integrados a nivel social. Mucho más de lo que, a menudo, nos hacen pensar. Qué suerte la nuestra, de haberlo podido vivir!
Camila y Pol, ha sido genial escuchar sobre vuestra increíble travesía hasta ahora. Os deseamos lo mejor para el resto del viaje. Que la salud y la energía os acompañen en cada pedaleada. Seguiremos emocionados por conocer más de vuestras aventuras.
¡Hasta pronto!