Zwischen Kulturen.
Mitten in Österreich

Domingo, 18 Octubre 2026 21:21

Tienda Alegría: Orgullo, raíces y comunidad en Viena

Por María Andrea Múñoz

Alejandra Moreno, ilustradora colombiana y fundadora de la Tienda Alegría, habla de su arte como liberación, del apoyo entre mujeres y de un espacio donde los adultos vuelven a crear.

En Alegría, la mayoría de los productos que se exhiben están hechos por mujeres. Al preguntarle cómo elige los productos de su tienda, explica: «Me interesa saber quién está detrás de cada uno y cómo los hacen. Son objetos que yo misma compraría». Además del café, la tienda tiene mesas largas, un club creativo y talleres; próximamente tendrá un pop-up de yoga. Conversé con su fundadora sobre cómo nació este lugar y qué hay detrás de su arte.

¿Por qué dices que este lugar es mitad tienda, mitad hogar?

Porque siento que lo que nos representa como latinoamericanos es la comunidad, y tener siempre un lugar al que llegar y sentirse recibidos. Eso que extraño tanto de Colombia es algo que quiero traer acá: que las personas que lleguen se sientan directamente como en su casa, como en el café al que van todos los días, donde saben su nombre, donde los conocen, donde se sienten parte de algo y unidos a otros. Como el sistema acá funciona súper bien, se ha perdido esa parte comunitaria de sostenerse que en nuestros países todavía existe, justamente porque allá el sistema no funciona tan bien. Acá la gente termina muy sola, y como latinos también empezamos a sentirnos solos. Esa es la intención: conectar a las personas y hacerlas sentir en casa.

Los talleres nacen de la necesidad del ser humano de ser creativo. Por el trabajo, la vida adulta, la responsabilidad y el estrés que tenemos todos, se nos olvidan todas las capacidades que tenemos. Para mí es importante permitirle a la gente volver a ser niños, volver a jugar y a conectar con su creatividad, y hacerlo en comunidad. Por eso están las mesas largas, donde la gente vuelve a conectarse. Por eso también tenemos un club de dibujo, que es una hora y media todos los días. Viene de un concepto que a mí me sirvió mucho cuando empecé a dibujar, de un libro que se llama El Club de las 5 de la Mañana. Dice que si uno quiere volverse experto en lo que sea, tiene que invertirle mínimo una hora y media al día. Quiero hacer de la creatividad una rutina, que no sea algo especial sino algo básico, natural.

Qué bonito poder retomar eso como adulto. Porque uno dice: tengo que trabajar, es como lo único que existe.

No sé en qué momento de la vida nos dijeron que lo que hacíamos no era tan bonito, y la gente todavía tiene mucho miedo de permitirse ser creativa, y de lo que salga. Si no sale bonito, te frustras. Si no tienes un producto que mostrar y sentirte súper orgulloso, te frustras. Creo que nuestro nivel de frustración como adultos es mucho más alto que el de los niños. Un niño dice "bueno, un dibujo más", pero nosotros, como no pintamos nunca, queremos que cada cosa que sale sea perfecta.

Se trata de volver a conectar con el niño interior y permitirse jugar. Estaba hablando con un niño de unos cinco añitos y le pregunté si le gustaba dibujar. Me dijo: "Sí, pero voy a empezar en la escuela, y ahí mi papá me dijo que vamos a escribir más que a dibujar". Y yo pensé: wow, desde tan pronto se corta toda esa parte creativa. Siento que no se apoya la creatividad de las personas.

Según lo que investigué, llegaste desde Bogotá hace 12 años. ¿Cómo fue ese comienzo? ¿Cómo ha sido para ti?

Yo no diría que fue duro. Para mí no lo fue porque era muy pequeña, tenía 19 años, y siempre he sido demasiado curiosa. Además, antes de llegar acá ya había vivido un tiempo con mi papá en Venezuela y había pasado vacaciones allá. No era de las que siempre pasaban la Navidad con la familia. Tengo un alma muy desprendida: amo demasiado a mi familia, pero no me aferro a las cosas ni a las personas. Eso ayudó muchísimo, y también tuve la bendición de conocer a personas maravillosas.

Llegué como au pair a Alemania primero y luego me mudé a Viena. Tuve la suerte de contar con familias muy bonitas que me apoyaron y me ayudaron, y con las que me sentí en comunidad otra vez. No tuve esa parte de sentirme sola ni de pasar una Navidad sola. Tenía apoyo para practicar el idioma, alguien con quien hablar todos los días, me sentía como otra hija más. Pudimos respetarnos y trabajar súper bien. Aquí en Austria me quedé con una familia un par de años porque fue muy bonito, y todavía tenemos una relación muy buena. Siento que desde el principio fue muy fácil, pero también tiene que ver con mi forma de ser, que se permite experimentar los cambios y disfrutarlos.

En el caso de tu arte, ¿qué es lo que te inspiró? ¿De dónde viene tu estilo?

Cuando llegué a Austria fue fácil, pero luego tuve un momento muy difícil, hace como cinco o seis años, cuando me negaron la visa. Yo estaba estudiando negocios internacionales y me quería cambiar a diseño gráfico. Pausé un semestre y, cuando quise volver a la universidad, no pude, y por eso me cancelaron la visa. Me tocó devolverme a Colombia. Fue un momento muy doloroso y difícil, porque ya llevaba cinco años acá, era independiente económicamente, y tuve que volver a mi casa y depender otra vez de mi familia. La idea era irme tres meses y volver a tramitar la visa en Austria. Pero justo cuando ya casi iba a volver, llegó el coronavirus, y no me quedé tres meses sino casi un año en Colombia.

Entonces dije: voy a aprovechar este momento, porque era un chance que nunca había tenido. Yo empecé a trabajar a los 17 y siempre estuve muy ocupada, así que nunca había podido estar tranquila pintando todo el día. Gracias a Dios mi familia asumía mi alimentación, no tenía que pagar alquiler, me ayudaron muchísimo. Me preparaban siempre la comida, yo no tenía que hacer nada. Me levantaba a las 5 de la mañana, hacía ejercicio, meditaba y empezaba a trabajar todo el día. Ahí hice la mayoría de mis obras.

Cuando volví a Austria me gané un puesto en el mercado de Navidad de Karlsplatz. Ese fue mi primer mercado y sigue siendo al que asisto anualmente. Ahora hago menos mercados, porque es súper cansador estar yendo, trayendo, poniendo, pero me gusta y lo disfruto. También es una estrategia de mercadoing. Este año voy a estar ahí otra vez en Navidad. Y acá también vamos a tener abierto y vamos a seguir haciendo talleres.

En 2023 abriste tu sitio web, ¿cierto?

Eso nació también por lo de los mercados. En 2021 registré mi negocio. Los años siguientes empecé a hacer más mercados y me di cuenta de que funcionaba, de que a la gente le gustaba. Después de unos meses hice mi página web y ahí también empecé a vender online. Pero tengo que decir que vendo más físico que online.

Comenzaste a crear durante tu estancia en Colombia, en plena pandemia. ¿Cómo desarrollaste ese estilo tan personal y reconocible en tus ilustraciones?

Sí, podemos decir que partió mientras esperaba volver a Austria. Algunas de las obras que están acá en la tienda fueron de las primeras: esta chica de los ojos cerrados, la que está con la canasta. Fue muy importante haber empezado en Colombia porque fue un momento de revisar mis raíces, volver a ellas, reconocer quién soy, de dónde vengo, qué influencias tengo. También de valorar a mi familia y su forma de vivir el folclor, porque mi familia es muy folclórica: se escucha música colombiana todo el tiempo en la casa, son muy típicos.

Además, para mí era importante reconocer y asumir que tengo raíces indígenas y afrodescendientes, y de ahí está muy influenciado mi trabajo. Muchas de mis obras tienen pelo crespo y pelos muy largos, porque cuando yo era pequeña en Colombia tener el pelo crespo no era algo cool, se veía mal, estaba mal visto porque denotaba tus raíces. Es racismo dentro de nuestros propios territorios. Pero cuando uno está en otro país pasa a ser algo que uno valora, porque se ve a través de otros ojos.

Todas las mujeres de mi familia, de pronto sin decir nada, y todas las mujeres a mi alrededor, se alisaban el cabello. Es esa forma de mantener a la mujer linda, juiciosa, sentadita, bien peinada, entre comillas. En mis ilustraciones intento sacar a la mujer salvaje, a la mujer lo más natural posible, como somos. Mi arte está enfocado en la liberación, en sentirse orgullosa de quien es uno.

Debo agregar que sí sentí un poco de racismo en Austria, por comentarios acerca de mi aspecto, no para adularme sino de una forma denigrante y no bonita. Son los llamados microracismos, esos en los que tu cuerpo dice: "A ver, esto se siente raro, ¿por qué me dice esto esta persona?". Creo que desde ahí empecé a preguntarme: ah sí, es cierto, soy indígena. Quise darle la vuelta y apropiarme de eso, sentirme orgullosa en vez de permitir que el otro haga sentir pequeña a una. Todo lo contrario: decir "hey, sí, soy así, con mucho orgullo".

¿Quieres hablar de la construcción del espacio? Se ve un poco de eso en tu Instagram.

Claro. Esto lo hicimos con mi esposo antes de iniciar el proyecto. Él siempre ha estado súper presente en mi arte, ha sido un gran apoyo. Tengo que decir que sí lo hubiera podido hacer sin él, pero con él es mucho más fácil y más bonito. Cuando vi este lugar, le conté. Cuando me dijeron que sí, tenía que pagar más meses por adelantado, tal vez por ser mujer, pero más que nada por ser un pequeño negocio, un pequeño emprendimiento. Le dije: "Oye, ¿qué hacemos?", porque era entregar todos mis ahorros y más. Y él me dijo: "No, dale de una, hagámoslo". Ahí decidimos hacer este proyecto entre los dos, así que somos socios. Fue muy bonito, porque para él también es importante hacer parte desde la palabra, decir "somos socios", y además me está ayudando con un montón de cosas para hacerlo mucho más justo.

Fueron dos meses de trabajo. Pensé que dos meses era mucho tiempo, pero al parecer no es tanto como yo me lo imaginaba. Yo ya había invitado gente al inauguración y no estábamos listos. Construimos todo con nuestras propias manos: hicimos nuestras propias mesas, que son de concreto, de diferentes tipos de concreto. Construimos literalmente la mayoría de las cosas que se ven en la tienda, pusimos baldosas, pintamos mesas, y con ayuda de amigos pusimos las luces. Por suerte el local estaba en muy buenas condiciones, tenía el piso y estaba pintado, pero lo demás que ves no. A veces uno dice que no es tanto, pero cuando lo está haciendo sí es mucho. Hubo días en que de verdad dije: ¿por qué estoy haciendo esto?, ¿en qué me metí?, ¿por qué duermo tres horas en la noche? Y también era una presión, porque estábamos invirtiendo todos nuestros ahorros: ¿qué tal si no funciona? Aunque sinceramente yo siempre soy demasiado positiva y creo que va a funcionar, fue intenso.

El día del inauguración todavía estábamos terminando cosas, pero por suerte vinieron muchísimos amigos. Ahí recordé otra vez el poder de la comunidad, porque sin comunidad es muy difícil. Mis amigos siempre estaban ofreciendo su ayuda, y de pronto llegó un montón de gente a pintar, arreglar, hacer detalles. Mis amigas fueron las meseras y hacían mil cosas. Ahí sentí otra vez lo importante que es tener una comunidad que lo apoye a uno. La comunidad latina, ahorita más que nunca, está súper presente y súper activa, sintiendo lo bonito que es apoyarse mutuamente, porque si uno crece, todos crecemos y se abren oportunidades para todos. De eso se trata este lugar: abrirle posibilidades de visibilidad a las personas. Hay un montón de concept stores de todo, pero las plataformas latinoamericanas no son tantas. Por eso mi idea es crear un espacio que exalte la cultura.

¿Cómo fue encontrar este lugar?

Yo ya había mirado muchos locales antes y muchos me habían dicho que no. A este vine sola a la visita. Había muchas personas viéndolo también, muchos hombres. Yo, súper tímida, no hice ni una pregunta. Sabía que me gustaba, lo había visto por fuera, me encantaba cómo entra la luz, la zona me pareció genial. Entonces dije: esto es cuestión de rapidez. Les mandé un mensaje diciendo que estaba súper interesada y preguntando qué documentos necesitaba. Me los pidieron y en la documentación expliqué el proyecto, también con fotos. Hice fotos con inteligencia artificial: tenía el concepto de colores, el concepto de qué íbamos a vender ahí. Fui muy clara desde el principio con lo que quería. Desde el inicio supe que quería un espacio para café, porque atrae clientes, te da diferentes formas de pagar el alquiler, diferentes entradas, mercadoing. Creo que tiene muchas ventajas. También era claro que el café no iba a ser el protagonista.

Con todo ese concepto de colores me dijeron que sí, pero la respuesta tardó un montón, como dos meses. Yo ya había cancelado mi alquiler en el otro lugar, un espacio pequeño, un atelier, así que me tocó confiar. Finalmente me dijeron que sí. Creo que el hecho de mandar las fotos con el concepto de color fue muy importante. Según yo, y esto no está comprobado, la tienda de al lado es una floristería con un concepto de color parecido, y siento que encajamos súper bien. Para la fachada mandé también un boceto para que supieran exactamente qué iba a pintar. Me dijeron que tenía que preguntarle al magistrado y al final me dijeron que no necesitaba permiso.

Todo se dio, la verdad, relativamente fácil. Se me abrieron las puertas, estaban de acuerdo con nuestro concepto. Para mí fue importante ser súper clara desde el principio, porque es preferible que te digan que no desde un inicio a estar luchando todo el tiempo. También apliqué a un Förderung, que no me lo han dado, pero si alguien va a abrir una tienda, es súper recomendado aplicar.

He aprendido que la mentalidad es súper importante. Hay gente a la que le encanta sufrir, aunque no lo sepa, que todo lo ve como un sufrimiento y un dolor. Al final tú decides cómo ver las cosas. Puedes contar tu historia desde varios puntos de vista: desde el "ay no, me dijeron que no", o desde el punto de vista de que fue increíble. Uno decide cómo ver la vida.

¿Cómo nació la alianza con Not Regular Coffee?

Stefanny, de Not Regular Coffee, es nuestra proveedora de café, pero también ha sido un apoyo enorme en todo lo relacionado con la parte cafetera de la tienda, un mundo del que no teníamos ni idea. Nos acompaña desde antes de abrir y nos ayudó a elegir los suministros, la máquina de café y el molino. También nos ayudó con los costos, las recetas y mucho más.

Ha sido una colaboración muy bonita, porque sabemos que, si una gana, la otra también. Es ese apoyo sororo de mujer a mujer que se siente de verdad. Stefanny ha sido una gran compañera y trabajar con ella es un gusto.

¿Cómo decides qué talleres ofrecer? Veo incluso tarot.

Decido por mis propios intereses y por la admiración a otros artistas. Este mes vamos a tener uno de pintura al óleo con una amiga artista fantástica, Sofía Zuluaga. Siento profunda admiración por su trabajo y me interesa aprender de su forma de pintar, de su técnica. Luego está otro amigo, Fabián García, a quien también admiro profundamente, que va a dar un curso de linóleo para principiantes y avanzados. Tenemos también un coffee cupping taller con Stephanie para que la gente conozca más de café.

Además hay algunos que doy yo, como el upcycling de chaquetas de jeans. Antes hacía mis propias chaquetas, y cuando las hago tengo que cobrar mucho por el trabajo y el tiempo que se invierte. Por eso prefiero que la gente pueda hacerlo con sus propias manos, tener una chaqueta especial y divertirse haciéndolo.

El tarot es porque yo soy muy espiritual, y eso se refleja en mis obras y está muy profundamente en mi vida. El tarot tiene una simbología muy interesante de colorimetría, de símbolos y de conciencia, que ayuda a descubrir qué hay en tu mente y en tu inconsciente y hacerlo consciente a través de imágenes. Es un tema en el que me metí hace muchos años. Quien imparte este taller es Yanira Guerrero, barranquillera, que tenía el deseo de compartir conocimiento y talentos con otros. Acá se trata mucho de energía. Así como lo hago por intuición, esa es otra forma de decidir quién viene y quién no, quién vende qué, quién hace un evento. La mayoría de los eventos están abiertos para todos, pero de la intuición viene la admiración hacia el otro, y también me preocupo por escuchar los intereses de nuestros clientes.

Creo que la espiritualidad y la creatividad están muy conectadas. Cuando recordamos quiénes somos, siento que yo canalizo lo que pinto. Somos seres creativos por naturaleza, y al conectarnos con la espiritualidad es más fácil crear.

 ¿Y el club creativo qué es?

El Club Creativo es un momento del día para sentarnos a conectar con nuestra creatividad. A veces es libre y a veces contamos con invitadas e invitados.

El mes pasado tuvimos a Manuela Quiroga, bióloga colombiana, que habló de los páramos mientras pintábamos animales y flora de ese ecosistema. También hicimos Crea Consciente, un espacio dentro del Club con Andrea Colmenares, otra colombiana, que guió un collage mientras cada persona se hacía preguntas como «¿quién soy yo?». Además, tuvimos un taller de escritura con una amiga austriaca, Anna Zemman, y este mes viene otro de journaling y escritura creativa con la escritora mexicana Ga Montserrat.

En la tienda puedes encontrar estos momentos guiados y otros que no lo son. Si estás trabajando en una pintura, te tomas un café o una bebida, traes tus materiales o compras los nuestros y trabajas acá en lo tuyo. Tenemos acrílicos, óleos, lápices de colores y acuarelas.

¿Está abierto a todas las edades? ¿Están incluidos los niños?

Sí, pueden participar niños también, con acompañamiento de sus padres.


¿Qué crees que sintió la gente que vino a los talleres, qué se llevó? ¿Y cuáles son las novedades que vienen para los próximos meses?

Creo que la gente se llevó un espacio donde se sintió en casa. Un lugar para hablar en español, crear con las manos, conectar con su lado espiritual, hacerse preguntas y encontrarse con otras personas. Lo noté sobre todo en el público latino, que fue el más activo, aunque los talleres son para todos. Siento que se fueron con ganas de volver y con la sensación de que acá hay comunidad.

Estamos reestructurando y probando muchas cosas antes de decidir. Vemos qué días y horarios funcionan mejor, preguntamos mucho al público y descubrimos qué talleres tienen más acogida, cuáles se repiten y cuáles ya no se darán.

Este mes empezamos con talleres de cerámica y de escritura. También tendremos un pop-up de tarot donde se responde una pregunta, el taller de oráculos «Pintando con los ángeles» y, otra vez, el upcycling de chaquetas.

Y algo que nos emociona: abrimos el espacio para que otras personas creadoras den sus propios talleres. Si tienes una idea y quieres darla, este también es tu lugar.

Alegría queda en Lange Gasse 62, Viena. Más información en www.soyalegria.at 

 

Modificado por última vez en Domingo, 18 Octubre 2026 21:30
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