En Alegría, la mayoría de los productos que se exhiben están hechos por mujeres. Según la entrevistada al preguntarle como elige los productos que se pueden adquirir en su tienda nos comentó "Me interesa saber quién está detrás de cada uno y cómo los hacen. Son objetos que yo misma compraría". Además del café, la tienda tiene mesas largas, un club creativo y talleres, próximamente tendrá un pop up de yoga. Conversé con su fundadora sobre cómo nació este lugar y qué hay detrás de su arte.
¿Por qué dices que este lugar es mitad tienda, mitad hogar?
Porque siento que lo que nos representa como latinoamericanos es la comunidad, y tener siempre un lugar al que llegar y sentirse recibidos. Eso que extraño tanto de Colombia es algo que quiero traer acá: que las personas que lleguen se sientan directamente como en su casa, como en el café al que van todos los días, donde saben su nombre, donde los conocen, donde se sienten parte de algo y unidos a otros. Como el sistema acá funciona súper bien, se ha perdido esa parte comunitaria de sostenerse que en nuestros países todavía existe, justamente porque allá el sistema no funciona tan bien. Acá la gente termina muy sola, y como latinos también empezamos a sentirnos solos. Esa es la intención: conectar a las personas y hacerlas sentir en casa.
Los workshops nacen de la necesidad del ser humano de ser creativo. Por el trabajo, la vida adulta, la responsabilidad y el estrés que tenemos todos, se nos olvidan todas las capacidades que tenemos. Para mí es importante permitirle a la gente volver a ser niños, volver a jugar y a conectar con su creatividad, y hacerlo en comunidad. Por eso están las mesas largas, donde la gente vuelve a conectarse. Por eso también tenemos un club de dibujo, que es una hora y media todos los días. Viene de un concepto que a mí me sirvió mucho cuando empecé a dibujar, de un libro que se llama El Club de las 5 de la Mañana. Dice que si uno quiere volverse experto en lo que sea, tiene que invertirle mínimo una hora y media al día. Quiero hacer de la creatividad una rutina, que no sea algo especial sino algo básico, natural.
Está buenísimo. Y pensaba, qué bonito poder retomar eso como adulto. Porque uno dice: tengo que trabajar, es como lo único que existe.
No sé en qué momento de la vida nos dijeron que lo que hacíamos no era tan bonito, y la gente todavía tiene mucho miedo de permitirse ser creativa, y de lo que salga. Si no sale bonito, te frustras. Si no tienes un producto que mostrar y sentirte súper orgulloso, te frustras. Creo que nuestro nivel de frustración como adultos es mucho más alto que el de los niños. Un niño dice "bueno, un dibujo más", pero nosotros, como no pintamos nunca, queremos que cada cosa que sale sea perfecta.
Se trata de volver a conectar con el niño interior y permitirse jugar. Estaba hablando con un niño de unos cinco añitos y le pregunté si le gustaba dibujar. Me dijo: "Sí, pero voy a empezar en la escuela, y ahí mi papá me dijo que vamos a escribir más que a dibujar". Y yo pensé: wow, desde tan pronto se corta toda esa parte creativa. Siento que no se apoya la creatividad de las personas.
Según lo que investigué, llegaste desde Bogotá hace 12 años. ¿Cómo fue ese comienzo? ¿Cómo ha sido para ti?
Yo no diría que fue duro. Para mí no lo fue porque era muy pequeña, tenía 19 años, y siempre he sido demasiado curiosa. Además, antes de llegar acá ya había vivido un tiempo con mi papá en Venezuela y había pasado vacaciones allá. No era de las que siempre pasaban la Navidad con la familia. Tengo un alma muy desprendida: amo demasiado a mi familia, pero no me aferro a las cosas ni a las personas. Eso ayudó muchísimo, y también tuve la bendición de conocer a personas maravillosas.
Llegué como au pair a Alemania primero y luego me mudé a Viena. Tuve la suerte de contar con familias muy bonitas que me apoyaron y me ayudaron, y con las que me sentí en comunidad otra vez. No tuve esa parte de sentirme sola ni de pasar una Navidad sola. Tenía apoyo para practicar el idioma, alguien con quien hablar todos los días, me sentía como otra hija más. Pudimos respetarnos y trabajar súper bien. Aquí en Austria me quedé con una familia un par de años porque fue muy bonito, y todavía tenemos una relación muy buena. Siento que desde el principio fue muy fácil, pero también tiene que ver con mi forma de ser, que se permite experimentar los cambios y disfrutarlos.
En el caso de tu arte, ¿qué es lo que te inspiró? ¿De dónde viene tu estilo?
Cuando llegué a Austria fue fácil, pero luego tuve un momento muy difícil, hace como cinco o seis años, cuando me negaron la visa. Yo estaba estudiando negocios internacionales y me quería cambiar a diseño gráfico. Pausé un semestre y, cuando quise volver a la universidad, no pude, y por eso me cancelaron la visa. Me tocó devolverme a Colombia. Fue un momento muy doloroso y difícil, porque ya llevaba cinco años acá, era independiente económicamente, y tuve que volver a mi casa y depender otra vez de mi familia. La idea era irme tres meses y volver a tramitar la visa en Austria. Pero justo cuando ya casi iba a volver, llegó el coronavirus, y no me quedé tres meses sino casi un año en Colombia.
Entonces dije: voy a aprovechar este momento, porque era un chance que nunca había tenido. Yo empecé a trabajar a los 17 y siempre estuve muy ocupada, así que nunca había podido estar tranquila pintando todo el día. Gracias a Dios mi familia asumía mi alimentación, no tenía que pagar alquiler, me ayudaron muchísimo. Me preparaban siempre la comida, yo no tenía que hacer nada. Me levantaba a las 5 de la mañana, hacía ejercicio, meditaba y empezaba a trabajar todo el día. Ahí hice la mayoría de mis obras.
Cuando volví a Austria me gané un puesto en el mercado de Navidad de Karlsplatz. Ese fue mi primer market y sigue siendo al que asisto anualmente. Ahora hago menos mercados, porque es súper cansador estar yendo, trayendo, poniendo, pero me gusta y lo disfruto. También es una estrategia de marketing. Este año voy a estar ahí otra vez en Navidad. Y acá también vamos a tener abierto y vamos a seguir haciendo workshops.
Me fijé que en 2023 abriste tu website, ¿cierto?
Eso nació también por lo de los mercados. En 2021 registré mi negocio. Los años siguientes empecé a hacer más markets y me di cuenta de que funcionaba, de que a la gente le gustaba. Después de unos meses hice mi página web y ahí también empecé a vender online. Pero tengo que decir que vendo más físico que online.
Entonces comenzaste a crear, podemos decir, estando en Colombia, cuando tuviste que quedarte por la crisis sanitaria mundial. Veo que tienes un estilo muy tuyo: cada mujer, las caras, las bocas. Se nota al verlas cuál es tu ilustración y cuál no.
Sí, podemos decir que partió mientras esperaba volver a Austria. Algunas de las obras que están acá en la tienda fueron de las primeras: esta chica de los ojos cerrados, la que está con la canasta. Fue muy importante haber empezado en Colombia porque fue un momento de revisar mis raíces, volver a ellas, reconocer quién soy, de dónde vengo, qué influencias tengo. También de valorar a mi familia y su forma de vivir el folclor, porque mi familia es muy folclórica: se escucha música colombiana todo el tiempo en la casa, son muy típicos.
Además, para mí era importante reconocer y asumir que tengo raíces indígenas y afrodescendientes, y de ahí está muy influenciado mi trabajo. Muchas de mis obras tienen pelo crespo y pelos muy largos, porque cuando yo era pequeña en Colombia tener el pelo crespo no era algo cool, se veía mal, estaba mal visto porque denotaba tus raíces. Es racismo dentro de nuestros propios territorios. Pero cuando uno está en otro país pasa a ser algo que uno valora, porque se ve a través de otros ojos.
Todas las mujeres de mi familia, de pronto sin decir nada, y todas las mujeres a mi alrededor, se alisaban el cabello. Es esa forma de mantener a la mujer linda, juiciosa, sentadita, bien peinada, entre comillas. En mis ilustraciones intento sacar a la mujer salvaje, a la mujer lo más natural posible, como somos. Mi arte está enfocado en la liberación, en sentirse orgullosa de quien es uno.
Debo agregar que sí sentí un poco de racismo en Austria, por comentarios acerca de mi aspecto, no para adularme sino de una forma denigrante y no bonita. Son los llamados microracismos, esos en los que tu cuerpo dice: "A ver, esto se siente raro, ¿por qué me dice esto esta persona?". Creo que desde ahí empecé a preguntarme: ah sí, es cierto, soy indígena. Quise darle la vuelta y apropiarme de eso, sentirme orgullosa en vez de permitir que el otro haga sentir pequeña a una. Todo lo contrario: decir "hey, sí, soy así, con mucho orgullo".
¿Quieres hablar de la construcción del espacio? Se ve un poco de eso en tu Instagram.
Claro. Esto lo hicimos con mi esposo antes de iniciar el proyecto. Él siempre ha estado súper presente en mi arte, ha sido un gran apoyo. Tengo que decir que sí lo hubiera podido hacer sin él, pero con él es mucho más fácil y más bonito. Cuando vi este lugar, le conté. Cuando me dijeron que sí, tenía que pagar más meses por adelantado, tal vez por ser mujer, pero más que nada por ser un small business, un pequeño emprendimiento. Le dije: "Oye, ¿qué hacemos?", porque era entregar todos mis ahorros y más. Y él me dijo: "No, dale de una, hagámoslo". Ahí decidimos hacer este proyecto entre los dos, así que somos socios. Fue muy bonito, porque para él también es importante hacer parte desde la palabra, decir "somos socios", y además me está ayudando con un montón de cosas para hacerlo mucho más justo.
Fueron dos meses de trabajo. Pensé que dos meses era mucho tiempo, pero al parecer no es tanto como yo me lo imaginaba. Yo ya había invitado gente al opening y no estábamos listos. Construimos todo con nuestras propias manos: hicimos nuestras propias mesas, que son de concreto, de diferentes tipos de concreto. Construimos literalmente la mayoría de las cosas que se ven en la tienda, pusimos baldosas, pintamos mesas, y con ayuda de amigos pusimos las luces. Por suerte el local estaba en muy buenas condiciones, tenía el piso y estaba pintado, pero lo demás que ves no. A veces uno dice que no es tanto, pero cuando lo está haciendo sí es mucho. Hubo días en que de verdad dije: ¿por qué estoy haciendo esto?, ¿en qué me metí?, ¿por qué duermo tres horas en la noche? Y también era una presión, porque estábamos invirtiendo todos nuestros ahorros: ¿qué tal si no funciona? Aunque sinceramente yo siempre soy demasiado positiva y creo que va a funcionar, fue intenso.
El día del opening todavía estábamos terminando cosas, pero por suerte vinieron muchísimos amigos. Ahí recordé otra vez el poder de la comunidad, porque sin comunidad es muy difícil. Mis amigos siempre estaban ofreciendo su ayuda, y de pronto llegó un montón de gente a pintar, arreglar, hacer detalles. Mis amigas fueron las meseras y hacían mil cosas. Ahí sentí otra vez lo importante que es tener una comunidad que lo apoye a uno. La comunidad latina, ahorita más que nunca, está súper presente y súper activa, sintiendo lo bonito que es apoyarse mutuamente, porque si uno crece, todos crecemos y se abren oportunidades para todos. De eso se trata este lugar: abrirle posibilidades de visibilidad a las personas. Hay un montón de concept stores de todo, pero las plataformas latinoamericanas no son tantas. Por eso mi idea es crear un espacio que exalte la cultura.
¿Cómo fue encontrar este lugar?
Yo ya había mirado muchos locales antes y muchos me habían dicho que no. A este vine sola a la visita. Había muchas personas viéndolo también, muchos hombres. Yo, súper tímida, no hice ni una pregunta. Sabía que me gustaba, lo había visto por fuera, me encantaba cómo entra la luz, la zona me pareció genial. Entonces dije: esto es cuestión de rapidez. Les mandé un mensaje diciendo que estaba súper interesada y preguntando qué documentos necesitaba. Me los pidieron y en la documentación expliqué el proyecto, también con fotos. Hice fotos con inteligencia artificial: tenía el concepto de colores, el concepto de qué íbamos a vender ahí. Fui muy clara desde el principio con lo que quería. Desde el inicio supe que quería un espacio para café, porque atrae clientes, te da diferentes formas de pagar el alquiler, diferentes entradas, marketing. Creo que tiene muchas ventajas. También era claro que el café no iba a ser el protagonista.
Con todo ese concepto de colores me dijeron que sí, pero la respuesta tardó un montón, como dos meses. Yo ya había cancelado mi alquiler en el otro lugar, un espacio pequeño, un atelier, así que me tocó confiar. Finalmente me dijeron que sí. Creo que el hecho de mandar las fotos con el concepto de color fue muy importante. Según yo, y esto no está comprobado, la tienda de al lado es una floristería con un concepto de color parecido, y siento que encajamos súper bien. Para la fachada mandé también un mock up para que supieran exactamente qué iba a pintar. Me dijeron que tenía que preguntarle al magistrado y al final me dijeron que no necesitaba permiso.
Todo se dio, la verdad, relativamente fácil. Se me abrieron las puertas, estaban de acuerdo con nuestro concepto. Para mí fue importante ser súper clara desde el principio, porque es preferible que te digan que no desde un inicio a estar luchando todo el tiempo. También apliqué a un Förderung, que no me lo han dado, pero si alguien va a abrir una tienda, es súper recomendado aplicar.
He aprendido que la mentalidad es súper importante. Hay gente a la que le encanta sufrir, aunque no lo sepa, que todo lo ve como un sufrimiento y un dolor. Al final tú decides cómo ver las cosas. Puedes contar tu historia desde varios puntos de vista: desde el "ay no, me dijeron que no", o desde el punto de vista de que fue increíble. Uno decide cómo ver la vida.
¿Cómo nació la alianza con Not Regular Coffee?
Yo le compro el café a ella, y también me ha apoyado en todo lo que tiene que ver con el café, un tema del que yo no tenía ni idea: trabajé en gastronomía, pero nunca hice nada con café. Hubo una asesoría y un acompañamiento. Surgió algo muy chistoso: yo ya lo había pensado, había dicho "voy a poner un café, me gustaría que fuera como un pop up store", pero estaba tan ocupada que nunca le escribí a la dueña de Not Regular Coffee. Un día una amiga mía fue a un market o una exhibición, la conoció y le contó que yo iba a abrir un café. Entonces Stephanie me contactó. Unas semanas, unos meses antes de abrir el local, estuvimos hablando de números, de cuánto tiene que costar un café, de cómo se prepara, hicimos coffee cuppings, probamos recetas.
Ha sido una colaboración bonita porque sabemos que si una gana, la otra gana también. Es una persona que siempre tiene tarjetas de Alegría en su billetera, ni siquiera yo las tengo, y ella sí las está repartiendo. Otra vez ese apoyo bonito, sororo, de mujer apoyando a otra mujer. Por eso vendo su café. Cuando tengo algún problema con la máquina, está ahí para ayudarme, o para hacer marketing. Ha sido un súper partner, y un trabajo muy agradable, la verdad.
¿Cómo decides qué talleres ofrecer? Veo incluso tarot.
Decido por mis propios intereses y por la admiración a otros artistas. Este mes vamos a tener uno de pintura al óleo con una amiga artista fantástica, Sofía Zuluaga. Siento profunda admiración por su trabajo y me interesa aprender de su forma de pintar, de su técnica. Luego está otro amigo, Fabián García, a quien también admiro profundamente, que va a dar un curso de linóleo para principiantes y avanzados. Tenemos también un coffee cupping workshop con Stephanie para que la gente conozca más de café.
Además hay algunos que doy yo, como el upcycling de chaquetas de jeans. Antes hacía mis propias chaquetas, y cuando las hago tengo que cobrar mucho por el trabajo y el tiempo que se invierte. Por eso prefiero que la gente pueda hacerlo con sus propias manos, tener una chaqueta especial y divertirse haciéndolo.
El tarot es porque yo soy muy espiritual, y eso se refleja en mis obras y está muy profundamente en mi vida. El tarot tiene una simbología muy interesante de colorimetría, de símbolos y de conciencia, que ayuda a descubrir qué hay en tu mente y en tu inconsciente y hacerlo consciente a través de imágenes. Es un tema en el que me metí hace muchos años. Quien imparte este taller es Yanira Guerrero, barranquillera, que tenía el deseo de compartir conocimiento y talentos con otros. Acá se trata mucho de energía. Así como lo hago por intuición, esa es otra forma de decidir quién viene y quién no, quién vende qué, quién hace un evento. La mayoría de los eventos están abiertos para todos, pero de la intuición viene la admiración hacia el otro, y también me preocupo por escuchar los intereses de nuestros clientes.
Creo que la espiritualidad y la creatividad están muy conectadas. Cuando recordamos quiénes somos, siento que yo canalizo lo que pinto. Somos seres creativos por naturaleza, y al conectarnos con la espiritualidad es más fácil crear.
¿Y el club creativo qué es?
Es un momento del día donde nos sentamos a conectarnos con nuestra creatividad. A veces hay clubs creativos con algún invitado. El mes pasado tuvimos una bióloga que habló de los páramos, de su ecosistema, y mientras tanto nosotros pintábamos diferentes animales o flora que existen en los páramos.
También tuvimos Crear Consciente, un espacio dentro del Club Creativo con Andrea Colmenares, otra colombiana, que guió un collage mientras las personas se respondían preguntas existenciales como "¿quién soy yo?". Estuvo muy lindo y lo vamos a volver a hacer este mes. Tuvimos además un taller de escritura con una amiga austriaca, Ana Seman, y este mes vamos a tener uno de journaling y escritura creativa con una amiga mexicana, Montserrat.
En la tienda puedes encontrar estos temas creativos guiados, y otros que no lo son. Por ejemplo, si estás trabajando en una pintura al óleo, traes tus materiales o compras de los nuestros y trabajas acá en lo que estás haciendo. Tenemos acrílicos, óleos, lápices de colores, acuarelas, y puedes trabajar en lo que sea que estés haciendo.
¿Está abierto a todas las edades? ¿Están incluidos los niños?
Sí, se pueden niños también, con acompañamiento de sus padres.
¿Qué crees que sintió la gente que vino a los talleres, qué se llevó? ¿Y cuáles son las novedades que vienen para los próximos meses?
Los primeros meses fueron muy bonitos. Siento que el público latinoamericano está buscando espacios donde pueda hablar en español, ser creativo, conectar con su parte espiritual, responderse preguntas y estar en comunidad. Eso fue lo que noté: que el público latino fue el más activo, aunque hacemos talleres para todos los públicos.
Lo que viene es que estamos reestructurando actividades y probando muchas cosas para luego decidir. Según la experiencia, vemos qué días nos funcionó mejor cada taller y qué horarios son mejores, preguntando mucho qué horario le funciona bien al público, descubriendo qué talleres tienen más acogida, cuáles se repiten y cuáles de pronto ya no se van a dar más. Vamos a empezar con talleres de cerámica y de escritura este mes. También tendremos un pop up de tarot donde se responde una pregunta, un taller de oráculos con los ángeles, que se llama "Pintando con los ángeles", y de nuevo el upcycling de chaquetas. Además estamos abriendo el espacio para que otros creadores lo usen para dar sus workshops: si alguien tiene una idea de taller y quiere darlo, lo puede hacer acá.
Alegría queda en Lange Gasse 62, en Viena. Más información en soyalegria.at.