¿Qué significa para ti estar en Viena representando al cine español en un contexto tan internacional?
Estoy encantado. De las ciudades importantes de Europa, Viena era la única que me faltaba y tenía muchas ganas de visitarla desde hace tiempo. Qué mejor oportunidad que hacerlo con un festival que representa nuestro cine y lo que yo hago. Existe una simbiosis muy especial en una ciudad tan dotada de cultura y amor por lo suyo. Para mí es un honor que en un país de Centroeuropa, que no es latino, tengan este interés por nuestra cultura, nuestra lengua y nuestro arte. Me siento orgulloso y feliz de estar aquí.
Arturo Román despierta rechazo pero también fascinación. ¿Qué encontraste en ese personaje para hacerlo tan memorable?
Me pasó algo muy curioso: era una serie que no quería hacer. De hecho, la rechacé tres veces antes de finalmente aceptarla. ¡Me hubiera equivocado tanto que me habría dado de golpes contra la pared! Me lo pasé muy bien interpretándolo. Es un personaje que trabajé de una manera distinta, construido "desde fuera hacia adentro", al contrario de como suelo trabajar habitualmente.
Me dio la oportunidad de trabajar con un elenco fantástico y de crear un personaje que ya es prácticamente icónico. Me permitió bucear en las profundidades de las miserias humanas, buscando cosas que no son parte de mí. Es verdad que Arturo provoca emociones encontradas; la gente dice que "ama odiarlo". A mí me ha dado muchas alegrías y me ha proyectado hacia una carrera internacional que no tenía antes, por lo que estoy absolutamente agradecido.
Después de La Casa de Papel, ¿cómo evita un actor quedarse atrapado en la imagen de un solo papel?
La única manera posible para no encasillarse es elegir muy bien qué papeles quieres hacer. La Casa de Papel me dio, precisamente, la libertad de poder decir que no a ciertos proyectos. Me llegaban muchas propuestas que iban en la línea de Arturo y decidí que no quería seguir por ahí; ese personaje ya lo toqué.
Ahora busco opuestos. Hoy, por ejemplo, estreno una serie para SkyShowtime llamada El Homenaje, donde hago todo lo contrario: interpreto a un detective íntegro, meticuloso, buena persona y con un gran amor por su profesión. Me apetece que mi carrera se expanda, buscar otros universos, otras realidades y otras formas de trabajar los personajes.
¿Qué buscas hoy en un personaje que antes no buscabas?
Antes buscaba quizás otras cosas, pero hoy lo que busco es que el personaje sea parte íntegra de una historia que me apasione y que esté bien escrita. Ya no me fijo tanto en el género, si es comedia o drama, sino en si el personaje tiene la profundidad suficiente dentro de una historia interesante y creíble. Si además hay un buen reparto, es fantástico. Me pongo más al servicio del director y de la trama; ya no me importa tanto qué puedo sacar yo del personaje, sino formar parte de una historia que a mí mismo me apetezca ver en el cine o en la televisión.
¿Crees que España está viviendo uno de sus momentos más internacionales gracias al alcance de estas series?
Sí, creo que el audiovisual español está en un gran momento. En realidad, siempre ha gozado de muy buena salud, lo que pasa es que el mundo no empezó a fijarse masivamente en nosotros hasta La Casa de Papel. Ahora, con las plataformas, todo es más democrático.
Antes era muy difícil que un proyecto cruzara el océano y terminara viéndose en Estados Unidos o en la India; era prácticamente imposible, salvo quizás algunas películas de Almodóvar. La Casa de Papel abrió ese horizonte. Cada vez hay más personas interesadas en nuestra cultura y en nuestra manera de contar historias; incluso hay gente que ha aprendido español gracias a la serie. Se lo debemos agradecer a ese fenómeno, pero lo mejor es que ahora todo el mundo puede disfrutar de la calidad que siempre ha tenido nuestro cine.
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Enrique Arce
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