¿Qué les atrajo de contar una historia tan marcada por el poder, el miedo y las lealtades en conflicto?
En principio, la historia me resultó atractiva desde mi primer contacto con la obra de teatro. Es el relato de un grupo de personas sumidas en la incertidumbre del momento histórico: el inicio de la posguerra en España.
Es un periodo donde prevalece el miedo tras la Guerra Civil y la duda sobre el futuro.
Todo esto se narra a través de personajes que intentan buscar su lugar en medio del caos. Ese es el núcleo emocional de la historia: su situación en ese instante preciso. Y, por supuesto, todo aderezado con el capricho de un dictador que decide celebrar su victoria en el Palacio Real.
¿Qué les interesaba mostrar de la España de 1939 que todavía resuena hoy?
Desde que Manolo me contó la premisa, me sentí muy atraído. Para mí el cine es, ante todo, un viaje; una de las cosas más bonitas de este oficio es poder viajar a otro estado emocional o temporal. Sentíamos que ese Madrid recién terminada la guerra no había sido retratado así en nuestro cine reciente. Nos parecía pertinente contarlo desde un lugar tan potente y emblemático como el Palacio de Madrid, que en ese momento deja de ser solo un edificio para convertirse en el epicentro de la ciudad.
¿Cómo se equilibra el humor con un contexto tan doloroso?
El humor siempre es una herramienta para contar historias, siempre que se use sin frivolizar ni trivializar. Creo que, a través del humor, se llega mucho mejor a la emoción del espectador. La comedia y el drama van muy unidos, como en la vida misma.
En esta geografía y en esta historia convive la vida en general. El miedo, el afán de buscar un lugar y la búsqueda de la dignidad son factores que atravesaban al ser humano en ese momento. El sentido del humor convive bien con ellos porque, a veces, es la única arma disponible para sobrevivir a la situación.
¿Qué fue lo más desafiante de hacer una película de época como La Cena?
Todas las películas son un desafío desde que empiezas a pensarlas. La Cena tenía varios hándicaps, especialmente para el mercado español. De entrada, te dicen que hacer una película sobre la Guerra Civil ya no se ve con buenos ojos, a pesar de que es una contradicción: la mayoría de las que se han hecho en los últimos veinte años han funcionado muy bien en taquilla o premios.
Ese ya era un desafío tremendo. Luego, añadir comedia a la época. Últimamente, la comedia en España se ha volcado mucho hacia lo familiar y lo actual; hacer algo de época era otro giro arriesgado. Finalmente, estaba la exigencia de que la película "luciese". Queríamos que tuviera un alto valor de producción, que fuera una buena película más allá de la peripecia divertida. Cuidamos el aspecto visual al máximo, y creo que el espectador lo valora.
¿Qué esperan del público de Viena al ver esta película?
La recepción fuera de España está siendo muy positiva. El público entiende la comedia perfectamente. Aunque se centre en el año 39 español, la historia es universal. Cuando hablas de dictaduras, de un personaje como Franco y de cómo la política afecta a la gente común, el mensaje llega a cualquier lugar. Creo que el público de Viena se va a divertir y va a conectar con ella.
Nos lo han demostrado en Europa y en Estados Unidos. La comedia es un lenguaje universal, pero no solo por los chistes o los gags, sino por la trayectoria de los personajes hasta el final de la historia. Ojalá los entretenga tanto como a nosotros hacerla.
Así, La Cena se consolida como una de las propuestas destacadas del Spanish Vienna Film Festival, conectando con el público vienés desde una historia tan local como universal.
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Spanish Vienna Film Festival
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