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Jueves, 28 Julio 2022 13:47

Un paseo por la costa norte (Santander Parte 2)

Por Stefan Galván

Santander tiene muchos paseos por la costa y un paseo muy recomendable es el que lleva al Panteón del Inglés, que se encuentra en la costa norte de Santander, en un camino entre el Faro de Cabo Mayor y La Maruca en el barrio de Cueto de Santander, muy cerca del puente del Diablo y la playa de La Maruca.

El paisaje tan verde, el precioso azul de mar salvaje y el cielo dramático, podría servir para rodar una película.

Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés. Acuarela y tinta sobre papel de Stefan Galván.
Camino y paseo hacia el Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)
El Panteón Inglés (Foto: Stefan Galván)

Sobre un acantilado se encuentra este monumento funerario, aunque no alberga restos humanos, conocido como El Panteón del Inglés.

En el interior del panteón hay una placa que reza: «Esta edificación fue encargada por D. José Jackson Veyan, jefe de las instalaciones telegráficas del semáforo de Cueto desde 1877 a 1909 y famoso autor teatral de la época».

En el panteón no se encuentran restos humanos, simplemente se hizo construir como recuerdo de un amigo. Un recuerdo que deseó inmortalizar en el pequeño mausoleo a cuyas espaldas cruje el Cantábrico.

José Jackson Veyán un telégrafo lo hizo construir en 1892 y él mismo contaba lo que motivó su construcción: «Mi estimado amigo de la infancia, William Rowland, nieto del famoso profesor inglés Sir Robert Rowland Hill, coterráneo y gran amigo, éste, de mi abuelo paterno, era uno de mis más asiduos visitantes durante los meses de estío e incluso en el otoño. Lamentablemente, en septiembre de 1889, cuando Rowland y yo cabalgábamos tranquilamente cerca del acantilado, mientras el mar, con mayor furia que de costumbre rompía con estruendo sobre las rocas, el caballo que montaba mi amigo se asustó de tal forma que le derribó. A consecuencia de la fuerte caída sufrió un duro golpe en la cabeza, con rotura craneana, que le produjo la muerte instantánea. En tanto el caballo, por su propio peso, rodaba despeñándose contra las rocas. A petición de la familia, ocupándome de todo y en resistente caja mortuoria, el cadáver de Rowland fue trasladado prontamente a Inglaterra».

Modificado por última vez en Viernes, 05 Agosto 2022 20:46
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